La niña de Vietnam

25 09 2009

La cámara parió un grito. El grito más grande, el dolor más duro. La espalda quemada, la desnudez que llora. La cámara también lloró.

El circo del napalm se deslizaba desde el cielo. Abría una enorme carpa, o una enorme red, una telaraña invisible. Atrapaba, mordía, atravesaba. Viejos, viejas, niños. Cabezas, piernas, pieles. Nada importa, todo vale.

Corre Kim Phuc, huye. Corre, asfíxiate, aprende. Sé no más que una suma, no una niña, sino un número. Sé no más que una más. Sé simplemente un cadáver, un cuerpo, una posibilidad de mujer. Te tocó a ti, a todos, quién sabe cuántos, quién sabe miles, quién tiene la certeza de contar los muertos. Y tú no pienses, acuérdate de tus hermanos, de tus primos, de tus abuelos. Qué de ellos, qué de ti. Tú no sueñes, no rías, no llores, no juegues; huye, Kim Phuc, corre.

Que en el justo instante del qué pasa, del alarido, de dónde estoy y por qué. Que en ese momento de no sé, de qué es, de qué no; justo entonces será cuando tú, niña de Vietnam, una entre millones, terror de la historia, temblor de nuestra memoria, nacerás de una cámara.

Nacerás desnuda, sin ropa ni piel. Con fuego. Con miedo. Con grito. En tus ojos se repite lo mismo; recuerdan a otros siglos, recuerdan a otros ojos. En tu boca se desparrama la histeria, se derrite el secreto de El grito de Munch.

Y el padre de tu foto, las manos que tiemblan, el único que te conoce; el Publitzer de años más tarde, que quiso retratar no Vietnam, no EEUU, sino la vergüenza. Esos ojos que te lloraron, esos brazos que te llevaron a un hospital. Ese, y no otro, el 8 de junio de 1972 quiso reprochar a Vietnam del Norte y a Vietnam del Sur, autómatas que se asesinan, con una foto.

“ Mi hermano creía en el poder de las fotografía; me decía, si el mundo ve lo que está sucediendo en Vietnam querrá poner fin a la guerra”. La niña de Vietnam

La foto de Nick Ut horrorizó al mundo, pero el mundo nunca puso fin a la guerra.





Fotografía de algo en el no-olvido

10 06 2009

Fotografía de un torso en el olvidoPuso la mano encima de aquel recuerdo y, muy despacio, como si quisiera ser una ola que se agarrara pegajosamente a la orilla de la playa, avanzaba palpando en una caricia, luego retrocedía palpando otra vez. La piel etérea, debajo de sus dedos, temblaba con cierta ternura o cierta rabia, quizás.

Tenía forma de torso aquel acantilado de la memoria;  un torso blanco, desnudo, picoteado de lunares. Tenía forma de noches y puestas de sol. La luz corría divertida delante de la mano, dejando una pequeña distancia de sombra, burlándose de la inmortalidad de los abismos del alma.

Un óleo del suspiro de una amante “desamada”, una estatua curbilínea y desdibujada, una boca, una loca. Hablar es cosa del silencio; escuchar es cosa de observar.

Cuando aquella figura blanca, semi-deidad, apolíneo mapa del deseo, había querido encasquetarse con dulzura en mitad de su ombligo, el pobre brazo de aquella mano había temblado en su pudor; el pobre cuello, sobre aquel brazo, había entendido el inconformismo de la boca que le pellizcaba; y la pobre cabeza, sobre el triste cuello…

…Aah… la pobre cabeza iba a guardarle un rincón a aquel torso, para siempre,  en mitad del olvido.

A veces hay realidades que se aprehenden en la más absoluta falta de cordura. Y sólo esas veces la aprehensión vale la pena, y sólo esa aprehensión, nos enseña el tiempo, nos da el aprendizaje.





El lenguaje del arte

27 04 2009

 

muerte-de-anastaciaEl Chinolope vendía libros y lustraba zapatos allá en la Habana.

 

Para salir de pobre se marchó a Nueva York. Allá alguien le regaló una vieja cámara de fotos.

 

El Chinolope nunca había tenido una cámara en las manos, pero le dijeron que era fácil:

 

         Tú miras por aquí y aprietas allí.

 

Y se echó a las calles. Y a poco andar escuchó balazos y se metió en una barbería y alzó la cámara y miró por aquí y tiró por allí.

En la barbería habían acribillado al ganster Joe Anastasia, que se estaba afeitando y esa fue la primera foto de la vida profesional del Chinolope. Se la pagaron una fortuna. Esa foto era una hazaña. El Chinolope había logrado fotografiar a la muerte. La muerte estaba allí: no en el muerto, ni en el matador. La muerte estaba en la cara del barbero que la vio.

(Eduardo Galeano, El libro de los abrazos)

 

 

 





Rafael Marchante es expulsado de Marruecos

26 03 2009

marchanteMarruecos expulsa al fotógrafo Rafael Marchante del país.

La embajada de Marruecos en España no quiere prestar declaraciones

El fotoperiodista Rafael Marchante ha sido acusado por parte del Gobierno de Marruecos de mantener comportamientos profesionales fuera de la legislación vigente. Así lo declara el portavoz del Ministerio de Comunicación del país, quien envió el pasado día 19 de marzo un fax a la Agencia Reuters (para la que trabaja el español) exponiendo que por ese motivo no será renovada su acreditación (lo que implica, en la práctica, la expulsión de Marchante). La embajada de Marruecos en España no quiere prestar declaraciones sobre el tema (“Sólo el Ministerio de Comunicación puede informar al respecto”, señalaba la directora del Gabinete de Prensa). El escándalo provocado por la expulsión de Rafael Marchante ha impregnado los periódicos de Europa. El malagueño, que ya había sufrido el acoso del Gobierno de Marruecos en anteriores ocasiones, denuncia la injusticia a través de una carta que ha recorrido todos los medios. Agredido el 21 de mayo de 2008 por cinco miembros de las fuerzas auxiliares mientras cubría una manifestación ante el Parlamento de Rabat y, posteriormente, atacado en agosto del mismo año en las mismas circunstancias, el fotógrafo ha recibido el último golpe de las autoridades de Marruecos: le niegan la renovación de su acreditación por considerar que ha atentado contra los principios legislativos. Según fuentes del Departamento de Prensa Internacional del Ministerio de Comunicación del país, Rafael Marchante ha actuado como “adversario político y trabajaba, sin declararlo, para varios órganos de prensa”. El comunicado oficial lanzado esta misma mañana por el Gobierno alauí informa de que “nunca se pidió su expulsión”, aunque sí la no renovación de su acreditación. Según la misma fuente del Ministerio, está completamente justificada la aplicación de esta ley pues, en palabras sacadas del comunicado oficial de hoy, “se practica en todos los países democráticos, y Marruecos, que garantiza a los corresponsales extranjeros espacios de libertad conformes a las normas democráticas internacionales, no podría aceptar esta mezcla de géneros”. La Agencia Reuters ha confirmado, dadas las últimas acusaciones del Gobierno, que Marchante trabajaba también para otros órganos de prensa; el artículo 19 del Estatuto de los Periodistas Profesionales Acreditados en Marruecos obligaría al periodista a informar previamente sobre estos asuntos, según informan fuentes del Ministerio de Comunicación. La embajada española en Marruecos está siendo presionada por el Gobierno de España ante las insistentes quejas de los periodistas españoles que trabajan en Marruecos, quienes aseguran que ésta muestra “una actitud de pasividad absoluta”, tal como lo describía el propio Marchante en su carta del pasado 20 de marzo.





Guerrillero heroico

26 03 2009

cheEl silencio se apelotonaba en multitudes de bocas cerradas el 5 de marzo de 1960. Una imagen gritó en el objetivo de Alberto Korda; gritó tanto que el fotógrafo quiso arrancarla del momento, sujetarla, desconectar ese segundo de los otros cincuenta y nueve que formaban el minuto sudoroso y apretado de aquel instante. Tenía calor, la espalda tensa y la señora que estaba a su lado ya le había pisoteado por tercera vez el pulgar del pie derecho; chasqueaba la lengua y miraba para todos lados Korda, dónde lo habían metido, qué lúgubre escenario del sofoco.

La pesadilla del día anterior les había reunido a todos allí; estaban juntos para echar de menos, como quien dice, a cien personas. También estaba allí, mordiendo los oídos del recuerdo, el ruido de la explosión, el ulular de las lágrimas, las letras doradas (y ya perdidas) que adornaron, antes de la catástrofe, el cascote del buque (La Coubre). Una tragedia, unos ojos de Guernica, un silencio que quemaba. Fidel Castro daba su discurso (algo de añoranza y lágrimas, algo de revolución y blablabla) y el cielo mostraba su disconformidad con todo aquel asunto; no paraba de llover.

Y entonces gritó aquel fragmento de la vista. Korda tenía muy buen oído y lo oyó acercarse. “Apenas estuvo ahí medio minuto”, diría el fotógrafo muchos años después. Esa imagen de medio minuto, cuando hubieran pasado esos “muchos años después” no sería una imagen: sería un símbolo.

El Che se acercaba a la barandilla del estrado; miraba a todos y a nadie. Pensaba quizás en el temblor de tantas gentes, o en el miedo a la nada en la que se habían sumergido los cien que no estaban. O escuchaba un discurso que se alejaba entre el aire acuoso, o sabía que el mundo, a pesar de todo, se movía. Lo cierto es que su boina negra, su estrella dorada de comandante rebelde, su pelo revuelto y la expresión del rostro formaron un conjunto chillón que atrajo a un fotógrafo escondido entre las miles de cabezas; nacieron dos fotos que darían mucho que hablar.

Se vendieron, como se venden los sueños. Camisetas, banderas, colores; se formó un universo de desfiles de monedas alrededor de una imagen. Al principio era un dios, luego sólo fue una marca, un dibujo, un conejito play-boy. Se multiplicaron los años y las monedas. Se olvidaron las personas del funeral de La Coubre, el discurso de Fidel Castro, los ojos brillantes de Alberto Korda. Se olvidó todo, como en un Macondo de García Márquez, revuelto en un torbellino infinito de quinceañeros que desconocen.

¿Todo perdido? Casi todo. Aún, si queremos, podemos recordar.





Ekasía

12 03 2009

 
“Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia delante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados un camino situado en alto; y a lo largo del camino suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas. Contempla ahora a lo largo de esa paredilla unos hombres que transportan toda clase de objetos cuya sombra atraviesa la paredilla y llega a los ojos de los encadenados de forma difusa… sombra imaginaria, eikasía.” Platón, La República (el mito de la caverna)

                                                                                carcelina1

   Una fotografía no es sólo un recorte de tu pupila; es historia, es memoria, es poesía informativa. Desde Brady hasta Capa, de Vietnam a Irak, hay una distancia muy estrecha, unos años que se resbalan, unos sucesos que quizás desconoces.

      Si abres la puerta y te atreves a mirar el horizonte de tu mundo es posible que, con el tiempo, tus pies te lleven más allá de las esquinas de tu calle, las ventanas con sus vecinas y su cuchicheo, los caminos de lo cotidiano. Y es posible que también tus ojos se cansen de la lista de la compra, los calendarios muertos, las montañas de letras de tu estantería. Y a lo mejor entonces, cuando se canse tu cabeza de lo palpable, querrás descubrir la abstracción de lo real, lo que otros ojos supieron, lo que tu sillón no te enseña, lo que desde siempre ocultas, el miedo frenético a la realidad.

     Y en ese remolino correrás por el escalofrío, temblarás en la risa; entenderás quiénes y por qué son Cartier-Bresson, Eugéne Smith, Bourke-White.Te abrazarás a la rabia, dormirás pesadillas que viviste en tu pasividad desenfadada o fantasías que desconocías desde tu ignorancia.

    Quizás este blog quiera empujarte al otro lado de la cortina; quizás el medio será la fotografía, el fotoperiodismo, la imagen, la eikasía. Pero eso yo no puedo saberlo, al fin y al cabo todos los encadenados somos dueños de nuestros propios ojos.